jueves, 1 de junio de 2017

Colección de recuerdos en la verdulería

Colecciono recuerdos en la verdulería, y escribo esto para el que quiera saber, porque el que quiere saber lee, pero el que conversa y no quiere saber revolea los ojos distraídos para todos lados intentando encontrar por fuera un poco de empatía en su interior hacia la historia que está obligado a escuchar por respeto al que la está contando.
Así que mejor que el que quiera saber que lea.

Esta es una historia de amor, pero no es una historia cursi de las películas románticas. Es una historia real sobre el dolor de la vida y la esperanza. Es tan real que cuando pienso en ella me mareo, y son pocas las cosas que me han hecho marear.

Hace un poco más de seis meses yo aún cursaba el último año del profesorado de música. En una de las materias nos pidieron que hiciéramos una propuesta para una intervención en lugares de residencia de bebés (casas cuna hogares de madres adolescentes, etc).
Invertimos meses de tiempo, dinero (no voy a decir que mucho, éramos estudiantes) y trabajo en tal proyecto.

Días antes de la presentación nos avisan: "El lugar de los bebés se canceló, pero conseguimos otro de niños judicializados. No hay tiempo para cambiar nada así que vayan con lo que tengan."
Así que fuimos con más dudas que certezas rumbo a lo desconocido.

¿Con qué nos encontramos en ese lugar?
Muchos niños de distintas edades. Algunos solos, otros con hermanos. Su lenguaje, la violencia. Sucios, desatendidos, literalmente con sed.
Estos niños no eran los favoritos de nadie. A simple vista se podían ver los rótulos que los volvían "una complicación": Operación del corazón, muchos hermanos, autismo, discapacidad intelectual, problemas de conducta, etc.
Pero el problema no habían sido ellos, lo eran sus familias. Todos venían de hogares quebrados, marcados por el abuso y la violencia, y por esta razón el Estado había tenido que decidir que era preferible el abandono que sufrían en este momento y no el anterior.

Nuestra presentación fue un fracaso. Nosotros no estábamos preparados para ellos ni ellos para nosotros. Frutas de tela volaban por los aires cual proyectiles mientras intentábamos cantar "Bate con la cucharita."
Luego de la presentación las autoridades que nos acompañaron huyeron abochornadas por la situación de descontrol. Nosotros no nos íbamos porque, sin más, era imposible irse con los niños intentando quitarnos nuestros instrumentos. persigiuendo a nuestra compañera kiosquera, portadora de los caramelos, o simplemente rogándonos que nos quedáramos para jugar un rato con ellos, abrazarlos, escucharlos impotentes mientras nos pedían que nos los lleváramos de ahí.

Esta fue, particularmente, la conversación que se dio entre una de las niñas, Ana, y mi compañera Flor (salvando algunos errores inevitables por no poseer una memoria perfecta):

- ¿Vos vivís con tus papás?
- No, vivo sola.
- Ah, ¿y estás casada?
- No, estoy soltera.
- ¿Y tenés hijos?
- No, no tengo.
- ¿Y tenés trabajo?
- Sí, soy actriz.
- Entonces, ¿por qué no me llevás a vivir con vos?

Nudo en la garganta.

Y este nudo siguió en la garganta un par de meses más. Ese lugar, esos chicos no dejaban de hacer eco en la memoria, pero la vida cotidiana continúa.

Ferretería.

A esa nena la conozco. Dios y todos los que me conocen saben que mi memoria es pésima, pero a esa cara no me la olvido. ¿Qué hace con la esposa del verdulero? ¿Será su mamá? ¿Habrán sido ellos a quienes la justicia les quitó sus hijos? ¿O la adoptaron? ¿Cómo puede ser? En este mundo tan chico me vengo a cruzar justo yo con la única cara que recordaría. ¿Me reconocerá? ¿Qué le digo? ¿Y si le digo algo y esa mujer es su mamá biológica y le pregunta de dónde me conoce y ella le dice que del hogar y eso le conlleva un castigo? ¿Qué hago? ¿Qué le digo? Mejor le sonrío a ver qué hace. Ahí me mira, le sonrío. Ay, pero no me sonrió ella a mí. No me debe haber reconocido. O capaz que sí, pero tiene miedo.

Salgo de ahí y me voy a mi casa con una mezcla de alivio, impotencia, adrenalina y angustia. ¿Tantos sentimientos juntos son posibles? Yo pensaba que no, pero sí.

- Flor, me la crucé a la nena que quería irse con vos. No supe qué decir.
- Si la volvés a ver preguntale: "¿Te acordás de mí, Ana?"

Verdulería, día 1.

- ¿Cuánto es?
- $32 amiga. -y aparece por atrás Ana,... ¡Ana!
- Ana, te acordás de mí.
- Sí. -me sonríe un poquito.
- ¿De dónde la conocés a Ana? -interviene Pancho, el verdulero.
- Del hogar.
- Ah, y vos trabajás ahí?
- No, hice una práctica ahí -más corto decir eso que explicar que habíamos llevado una intervención que había sido un fracaso-. ¿Ustedes son familiares?
- Ana está ahora con nosotros.

Y punto, sólo eso.

- Flor, Ana vive con mi verdulero. No sé qué onda, no me quiso decir mucho más. Me parece que porque había mucha gente en el negocio. Quiero preguntarle más pero en un horario en el que la verdulería esté menos concurrida.

Verdulería, día 2.

Estaba justo la esposa de Pancho y éste le cuenta que yo conozco a Ana del hogar, así que aprovecho el tirón.

- ¿Así que Ana vive con ustedes ahora?
- Sí, la adoptamos. -"¡Sí! ¡Gracias Dios! ¡Ay! ¡Qué felicidad que tengo!" pensaba mientras intentaba poner una cara más neutra que oculte mi excesiva euforia-. Es que mi hermana estaba buscando para adoptar y los hermanos de Ana son varios, pero no querían que los adopte a todos juntos y a Ana que tiene un problema con el corazón, entonces que nos avisó, fuimos a verla y la adoptamos. Ahora sus hermanos están con mi hermana y ella conmigo así que van a estar juntos.

Volví flotando a casa. ¡Ana y sus hermanos juntos tienen una familia!

Luego de eso hubo un día 3; 4; 5; 6; etc. en la verdulería. A veces me olvido que Ana puede estar ahí jugando, pero de todas formas lo debe saber mi inconsciente porque cuando voy a comprar lo hago contenta.
Cuando llego y la veo abrazar a su nueva mamá, jugar a la luchita con su nuevo papá o incluso cuando la veo llorar porque se peleó con su hermana Sofi, y no porque se siente sola o tiene frío o sufre abandono, vuelvo a flotar.

Ella me ve y casi que se contiene para no correr hacia mí. Por poco ya es una adolescente así que contener las demostraciones de amor es una cuestión de honor. Me da un beso baboso en el cachete y me pregunta cómo hago para tener el pelo violeta mientras su mamá se escandaliza. Yo le digo que cuando sea grande para calmarla.
Hoy hizo lo de siempre y se fue a jugar, después volvió para decirme "te quiero". La abracé y se fue a jugar de nuevo.
Hoy Ana es feliz y yo vengo a casa flotando de coleccionar recuerdos en la verdulería.

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